Educando a jugar: El lenguaje lúdico

Estoy seguro de que todos recordamos nuestro primer juego. Ese que hizo saltar una chispa en nuestra cabeza y nos hizo comprender que, aún siendo ya adultos, todavía quedan cosas que disfrutar y descubrir. Pero, desde entonces, son muchos los juegos que van pasando por nuestras manos y poco a poco vamos formando nuestra propia opinión de lo que nos gusta y lo que no. Y lo que en un principio nos parecía novedoso, ahora puede parecernos incluso sencillo y aburrido.

Y es que aunque un juego pueda parecer tan solo una actividad de ocio, también comprende el aprendizaje y desarrollo de unos conceptos propios a los que se pueden acceder de diversas formas. La pregunta es: ¿cuál es la mejor manera de empezar en esto?

En mi caso he tenido la suerte de poder introducir a bastantes personas a esta afición y puedo decir que, aunque no existe una fórmula mágica, sí es preciso seguir unas pautas para que el proceso de aprendizaje sea progresivo.

Al igual que la literatura tiene sus propios recursos o el cine sus propio lenguaje visual, los juegos de mesa modernos también tienen un lenguaje propio al que podríamos llamar lenguaje lúdico. Entender este lenguaje resulta indispensable para poder participar y disfrutar de la actividad, y hay que comprender que no depende tanto de la predisposición del jugador como de su experiencia previa.

¿Podemos equiparar entonces este lenguaje a la propia mecánica del juego? Yo no lo pienso así, ya que conocer este lenguaje nos permite comprender mecánicas que nunca antes habíamos visto y entender su funcionamiento. ¿Qué puede ser entonces el lenguaje lúdico?

Cuando se inventó el cinematógrafo, las primeras películas se reducían a escenas de la vida cotidiana ya que no existía un lenguaje visual que permitiera desarrollar una historia completa. Una de las primeras películas en experimentar con esto fue ‘Life of an American fireman‘. En esta película se muestra como un equipo de bomberos va a apagar un incendio utilizando por primera vez el montaje en paralelo, intercalando escenas del incendio y de los bomberos preparándose para ir al rescate. Esto que a día de hoy nos resulta tan normal, en aquél entonces suponía todo un esfuerzo para el espectador, al que le costaba entender que ambas situaciones estaban ocurriendo en el mismo momento. Fijaros que, para facilitar su comprensión, al inicio de la película incluyeron en un mismo plano los dos escenarios y luego se pasó al montaje en paralelo. ¡Ahí está la clave!

El lenguaje lúdico comprende toda la experiencia y las habilidades que un jugador desarrolla mientras juega, y que llega a interiorizar hasta el punto de que ya no necesita recurrir a ellas para realizar la actividad.  Para desarrollar este lenguaje lúdico, tan importante es lo que un juego puede aportar como los puntos en común que guarda con la experiencia del jugador. Y cuanto menor sea la diferencia, más fácil resultará acceder al mismo.

Aunque ahora me ha tocado vivir en un país bastante frío y lúgubre, recuerdo los calurosos veranos en los que mis sobrinos venían a la casa de mis padres para bañarse en la piscina comunitaria. Al igual que hacía cuando yo era pequeño, mi padre solía buscar algunas piedras de colores en el jardín y aprovechaba el rato que los niños tenían que esperar a secarse para enseñarles a jugar al tres en raya sobre las losetas del camino a la piscina. Para un niño en pleno desarrollo de sus habilidades cognitivas, resulta muy complicado anticipar los movimientos de su adversario y tiende a tomar únicamente decisiones a corto plazo. Pensar en las consecuencias de sus movimientos y en las decisiones que llevaría a cabo si él fuera su oponente forman parte del proceso de aprendizaje necesario para poder comprender e interiorizar el lenguaje lúdico que le aporta este juego. Con la sorpresa de descubrir que, si ambos jugadores prevén sus movimientos, es imposible que la partida acabe nunca.

Aunque pueda parecer que este aprendizaje es lineal, ya que integra lo aprendido a nuestro conocimiento previo, también nos permite reconfigurar nuestro lenguaje y adaptarlo a otros entornos. Pero para ello es necesario un punto de unión desde el que articular el cambio.

Un día una amiga me preguntó en qué consistía el juego que había diseñado. Como no tenía muy claro como explicárselo me insistió: “¿pero tiras los dados y qué pasa?” Y es que la mayoría de los juegos clásicos parten de esa mecánica: La oca, parchís, serpientes y escaleras, Monopoly, Trivial Pursuit… Todos tienen en común esta manera de jugar que forma parte ya del lenguaje lúdico popular.

Carcassonne y Colonos de Catán siguen siendo hoy en día dos juegos estupendos para introducir a nuevos jugadores porque parten de mecánicas que la mayoría de ellos conocen, como encajar piezas de un puzzle o lanzar dados al comienzo del turno, pero además las enriquecen añadiendo otras estrategias que requieren de pensamiento abstracto y lógico. Y como estos, también hay otros juegos más modernos como, por ejemplo,  Camel Cup, La Resistencia o King of Tokyo. Como en el ejemplo del tres en raya, no importa que consideremos que el juego es bueno o malo, o incluso que esté roto, lo importante es que fomente el aprendizaje progresivo y no exija al jugador un conocimiento previo del que carezca en ese momento.

Otro fallo en el que podemos caer es introducir un juego nuevo en cada sesión. Es importante no convertir el proceso en una carrera y disfrutar de la actividad sin prisas, experimentado las jugadas y estrategias que el juego nos puede ofrecer. Y esto es algo que deberíamos aplicarnos también a nosotros mismos como jugadores experimentados 😉

Y no acabar así…

Nadie es más listo o más tonto para jugar un juego, tan solo tiene más o menos bagaje. Lo que para uno puede ser un juego sencillo, para otro puede resultar complicado si no ha visto nada igual antes; y también es posible aprender a jugar a un juego complejo sin haber probado otros previamente, pero la experiencia no será tan enriquecedora ni se podrá disfrutar al mismo nivel que el resto de jugadores más versados.

El desconocimiento de este lenguaje lúdico hace que, en muchas ocasiones, las personas no se atrevan a probar un juego de mesa porque:

  • Tan solo conocen juegos clásicos y consideran que se trata de un entretenimiento infantil,  ignorando todo lo que los juegos modernos pueden ofrecerles.
  • Ya han visto algunos juegos de mesa modernos y le tienen miedo a su complejidad o a cometer errores durante la partida y hacer el ridículo.

Los juegos de mesa son una actividad social y, como jugadores, somos responsables de tanto de difundir de este lenguaje lúdico como de hacerlo de una manera correcta. De nosotros depende romper estereotipos y enseñar que cualquiera puede acercarse a esta afición sin miedo. Y como diseñadores, nuestra misión es enriquecer este lenguaje y experimentar hasta los límites del diseño, si es que éste realmente existe.

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Un comentario en “Educando a jugar: El lenguaje lúdico

  1. ghaneroth dijo:

    Muy interesante la idea del lenguaje lúdico! Estoy de acuerdo en que la idea de un lenguaje asociado a una actividad es un concepto que se puede extender a casi todas las experiencias humanas, sobre todo las que tienen un componente social. A mi por ejemplo me ha hecho pensar en la cocina. Mucha gente que dice que no sabe cocinar o que no se le da bien es porque no han adquirido un “vocabulario” de sabores y las reglas que permiten combinarlos en un “lenguaje”. Y está presente el factor de la experiencia previa también.

    Que sigan viniendo artículos tan buenos!

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